Los peques al mando
El lío:«Viajar con niños de edades distintas sin que nadie se aburra ni nadie reviente.»

La que manda es Lía
En esta familia el plan lo manda la más pequeña: Lía, que va en carrito y tiene dos horarios sagrados de siesta. Cualquier viaje que no respete eso, acaba mal. Todos los padres del mundo saben de qué hablamos.

Mar quiere trenes
Mar tiene cuatro años y una sola condición: que haya trenes. O castillos. O las dos cosas. Lo que no puede haber son tres museos seguidos, porque a la media hora del primero ya está preguntando cuánto queda.

Leo, el aviador
Leo, con siete, quiere aventura de verdad: miradores, murallas, cuevas. Tiene cuerda para toda la mañana — pero solo la mañana. Por la tarde el aviador aterriza, y más vale que el plan lo sepa.

Los mayores van a su ritmo
Y luego están los mayores: doce y dieciséis. Ella lee mapas como una exploradora; él lo lleva todo en el móvil. Lo suyo son las puestas de sol, los sitios de fotos y que nadie los trate como a los peques.

Una pregunta y ya está
¿Y qué pide Weekéalo para cuadrar todo esto? Casi nada: cuántos sois y la edad de cada peque, solo el tramo — nunca la fecha de nacimiento, porque no nos hace falta. Con eso, el día sale con ritmo: castillo por la mañana, siesta a su hora y puesta de sol para los mayores.
Un buen plan no es hacer más cosas: es que cada uno tenga la suya.
Quiero vivir la mía





















