El partido de su vida
El lío:«Quiero ver un partido fuera de casa — y que el viaje sea algo más que el estadio.»

Noventa minutos a cuatrocientos kilómetros
El sorteo fue cruel: el partido del año caía a cuatrocientos kilómetros. La peña de Teo lo tenía claro — se iba. Pero un viaje así siempre acababa igual: el partido, un bocadillo de gasolinera y vuelta. Noventa minutos de viaje para noventa minutos de fútbol.

Esta vez, finde completo
Esta vez lo montaron distinto: la carta de deportes en vivo al sí, y el resto del mazo también se jugó. El plan salió con el partido de plato fuerte el sábado — y alrededor, una ciudad entera que ninguno conocía: su casco viejo, sus bares con solera, su paseo del domingo.

La prórroga
Ganaron — pero esa no es la parte importante. La parte importante es que la celebración tuvo dónde ser, que nadie condujo de vuelta a las dos de la mañana, y que el domingo hubo tiempo de desayunar con calma y presumir de bufanda por el centro.
Un partido dura noventa minutos. El viaje, todo el finde — aprovéchalo entero.
Quiero vivir la mía




















