Lo que no sale en las fotos
El lío:«Volvemos de cada viaje con cien fotos… y a los dos meses no me acuerdo de nada.»

Cien fotos y ningún recuerdo
Vera vuelve de cada viaje con la cámara llena. Y sin embargo, un día se dio cuenta de algo triste: de los viajes de hace dos años recordaba las fotos, pero no los momentos. Qué les hizo reír aquel sábado, cómo se llamaba el señor de la fonda. Eso no estaba en ningún sitio.

El diario de a bordo
Ahora cada escapada lleva su diario dentro: al final del día, dos líneas y las fotos de esa jornada, cada cosa en su día. «La siesta en el parque, Teo roncando, el helado de después». Treinta segundos de escribir que valen más que veinte fotos del mismo monumento.

Releerse un año después
Lo mejor llega después: una tarde cualquiera, un año más tarde, abrir el diario de aquel viaje y volver a estar allí. Las fotos enseñan dónde estuviste. Las dos líneas de cada noche cuentan cómo de feliz fuiste. Y eso es lo que de verdad da pena perder.
Las fotos enseñan dónde estuviste. El diario, cómo fuiste feliz.
Quiero vivir la mía





















