El finde que se torció
El lío:«Lo teníamos todo listo… y nos surgió un imprevisto. ¿Se pierde el viaje?»

La llamada del jueves
La maleta estaba a medio hacer cuando sonó el teléfono: un imprevisto de los gordos, de los que no se pueden decir que no. El finde quedaba deshecho. Y la pregunta de siempre flotando en el salón: ¿perdemos el viaje entero?

Mover, no cancelar
No se perdió: se movió. Cambiaron la fecha de la escapada y el plan entero se fue con ella — el itinerario, los sitios, las cuentas. Lo único que cambió fue el número en el calendario. Quince días después, el mismo viaje les estaba esperando donde lo dejaron.

Dos semanas después
Y llegó, como llegan las cosas buenas que se hacen esperar. Hasta les pareció mejor: sin la pena de haberlo cancelado y con el gusto de haberlo defendido. Los imprevistos van a seguir existiendo — los viajes, también.





















