Los mejores hayedos de España para ver en otoño
Por Weekéalo · · 7 min
Dónde ir a ver el color del otoño en España, cuándo cae cada uno y cómo evitar el atasco de las dos semanas punta.
Hay dos semanas al año en las que los hayedos del norte de España se ponen de un color que la gente conduce cientos de kilómetros para ver. El problema es que esas dos semanas son las mismas para todo el mundo, así que la diferencia entre un día memorable y una mañana de atasco está en la planificación.
Selva de Irati (Navarra)
El más famoso y el más grande: el segundo hayedo-abetal de Europa. La última semana de octubre suele ser su momento. Tiene dos accesos principales, por Ochagavía y por Orbaizeta, y en temporada alta el aparcamiento se gestiona de forma distinta según el año — hay que mirarlo antes de salir de casa.
Hayedo de Montejo (Madrid)
El más accesible para quien vive en el centro peninsular, y también el más protegido: la visita es guiada y con plazas limitadas que se agotan con semanas de antelación. Si vives en Madrid y quieres ver esto, la reserva se hace en cuanto se abre, no la semana antes.
Faedo de Ciñera (León)
Pequeño y con un recorrido corto, lo que lo hace ideal si vas con niños o con poco tiempo. Tiene un haya centenaria conocida como Fagus que es la excusa habitual para llegar hasta allí.
Saja-Besaya y los hayedos cántabros
Cantabria tiene bosques enormes y menos masificados que Irati. La zona del Saja y los alrededores del puerto de Palombera dan para un día entero de carretera con parada continua, y el color aguanta bien hasta principios de noviembre.
Qué esperar de cada uno
Los cuatro grandes no piden lo mismo ni sirven para lo mismo, y elegir mal es la razón habitual de volver decepcionado. Irati es enorme y necesita un día entero: tiene rutas de todas las distancias y un embalse, el de Irabia, que es la excusa perfecta para una caminata de tres o cuatro horas.
Montejo es lo contrario: una visita guiada de unas dos horas por un espacio protegido y pequeño. No vas a andar mucho, vas a que te lo cuenten. Es el más cómodo si vas con gente mayor o con poca movilidad, y el único al que no puedes ir por libre.
El Faedo de Ciñera es un paseo corto y llano, de menos de una hora ida y vuelta, perfecto para niños pequeños. Y los cántabros son lo más parecido a tener el bosque para ti: menos infraestructura, menos señalización y bastante más libertad para perderte por pistas forestales.
Otros bosques que casi nadie nombra
Los cuatro de arriba son los que salen en todas las listas, y por eso son los que se llenan. Hay más, y algunos están igual de bien: el hayedo de Otzarreta en Bizkaia, con esos troncos retorcidos que parecen de cuento; los bosques del Moncayo, entre Aragón y Soria, donde el hayedo llega a su límite sur en Europa; o el valle del Ambroz en Extremadura, que tiene castaños en vez de hayas y un color distinto, más anaranjado.
La ventaja de estos es doble: hay sitio, y suelen estar cerca de pueblos donde comer bien y dormir barato porque no viven del turismo de esas dos semanas.
Por qué las hojas cambian de color
Merece la pena saberlo porque explica cuándo ir. Las hojas son verdes por la clorofila, que el árbol produce mientras hay luz suficiente. Al acortarse los días y bajar la temperatura, el haya deja de fabricarla y la clorofila se degrada, dejando a la vista los pigmentos que estaban debajo todo el verano: los amarillos y naranjas.
De ahí que el momento cambie cada año. Un otoño seco y con noches frías tempranas adelanta el proceso y da colores más intensos; uno lluvioso y templado lo retrasa y lo apaga. Y de ahí también que la altitud importe tanto: a mil metros el color puede llevar dos semanas de adelanto respecto al fondo del valle, en el mismo bosque.
Cómo hacer buenas fotos
- El día nublado es mejor que el soleado. El sol directo quema los amarillos y hace sombras duras; con nubes el color sale saturado y uniforme.
- Después de llover es cuando mejor está: los troncos oscuros y mojados hacen contraste con las hojas.
- Busca la contraluz. Una hoja con el sol detrás se ilumina por dentro y es el efecto que hace que estas fotos funcionen.
- No hace falta gran angular. Un plano cerrado de tres troncos suele contar más que un panorama de todo el bosque.
Cómo no encontrarte con medio país
- Ve entre semana. Es el consejo que más cambia la experiencia, por encima de cualquier otro.
- Sal temprano. A las nueve de la mañana hay sitio donde a las doce no lo hay.
- Ten un plan B a veinte minutos: si un acceso está lleno, otro hayedo cercano suele estar vacío.
- Evita el puente de Todos los Santos si puedes. Coincide con el color y con todo el mundo.
Cuándo le toca a cada uno
No todos cambian a la vez, y esa es la clave para no coincidir con todo el mundo. La regla general es que cuanto más al norte y más alto, antes ocurre. Como orientación aproximada, y sabiendo que cada año se mueve:
- Pirineo y cotas altas de Navarra: mediados y finales de octubre.
- Cordillera Cantábrica (León, Cantabria, Asturias): finales de octubre y primera semana de noviembre.
- Sistema Ibérico y Moncayo: primera quincena de noviembre.
- Sierra de Madrid y Sistema Central: primera y segunda semana de noviembre.
- Castañares del sur (Ambroz, Sierra de Francia, Genal): mediados y finales de noviembre.
Esa escala de un mes largo es una buena noticia: si te pierdes el momento en Irati, todavía tienes tres semanas para verlo más al sur. El otoño en España se puede perseguir de norte a sur.
Cómo comportarse en un hayedo
Estos bosques aguantan mucha gente en muy pocos días y eso se nota. Casi todos están protegidos de alguna forma, y hay cosas que conviene tener claras antes de llegar.
- No salgas de los senderos marcados. El suelo del hayedo es frágil y las raíces superficiales se dañan con el pisoteo.
- No cojas setas si no sabes lo que haces, y comprueba la normativa: en muchas zonas hay cupos o hace falta permiso.
- El perro, atado. Es época de caza en muchas de estas zonas y además hay fauna que cría.
- Llévate la basura, incluida la piel de la fruta. Tarda meses en desaparecer y se ve en todas las fotos.
- Aparca donde esté señalizado. En temporada punta, dejar el coche en el arcén de una carretera de montaña colapsa el acceso para todos.
Ir con niños
Un hayedo es de los pocos sitios donde un paseo por el campo entretiene a un niño sin necesidad de nada más: hay hojas para pisar, troncos raros, arroyos y un suelo mullido. Pero conviene elegir bien el bosque y no pasarse con la distancia.
- El Faedo de Ciñera es el más adecuado: recorrido corto, llano y con un río al lado.
- Montejo funciona porque la visita es guiada y de duración fija, así que no hay sorpresas.
- Irati puede ser demasiado si eliges una ruta larga; hay senderos cortos junto al aparcamiento que valen igual.
- Lleva ropa de repuesto. Vas a un sitio con barro y con charcos, y eso es justo lo que un niño va a buscar.
Con qué combinarlo
Un hayedo se ve en media mañana. El error es plantear el viaje solo alrededor del bosque y acabar con la tarde vacía en mitad de la montaña. Casi todos tienen algo cerca que completa el día: en Irati, los pueblos del valle de Salazar y Roncal; en Montejo, la sierra norte de Madrid y sus pueblos negros; en el Faedo de Ciñera, la comarca minera y las hoces de Vegacervera; en los cántabros, la costa a menos de una hora.
Es la manera de que un viaje de una mañana se convierta en un fin de semana que merezca la pena, y también de repartir gente por la zona en vez de amontonarla en un aparcamiento.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la mejor fecha?
Como regla general, la última semana de octubre y la primera de noviembre en el norte peninsular. Pero varía cada año y según la altitud: en cotas altas cae antes.
¿Hace falta reservar?
En el Hayedo de Montejo sí, siempre, y con antelación. En Irati depende del acceso y del año. En los cántabros normalmente no.
¿Qué llevo?
Calzado impermeable —el suelo del hayedo está húmedo aunque no llueva—, capas de ropa y agua. Y ten en cuenta que a esas alturas anochece pronto.
¿Te lo montamos?
Dinos cuánto tienes y cuántos días. Te damos el destino, el itinerario y el presupuesto cuadrado.
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