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Escapadas de otoño en España que caben en un fin de semana (y en poco dinero)

Por Weekéalo · · 9 min

Ocho destinos para irse un fin de semana entre octubre y noviembre, con lo que cuesta cada uno de verdad y cuándo conviene ir a cada sitio.

El otoño es la mejor época del año para viajar por España y casi nadie lo aprovecha. Los precios bajan cuando termina agosto, los sitios que en verano son insoportables se vuelven agradables, y hay dos meses largos —octubre y noviembre— en los que se puede ir a casi cualquier parte sin pelearse con nadie por una mesa.

Este artículo es una lista de ocho sitios a los que se puede ir un fin de semana. No están ordenados por lo bonitos que son, sino por lo fácil que es llegar y por lo poco que hace falta gastarse para que salga bien.

1. La Ribeira Sacra, en plena vendimia

Los cañones del Sil y del Miño con las viñas en bancales, cambiando de color. La vendimia suele caer entre finales de septiembre y mediados de octubre, y es cuando el paisaje está en su mejor momento: las cepas amarillean y los pueblos huelen a mosto.

Es un destino que necesita coche, y eso hay que tenerlo en cuenta al hacer cuentas. El transporte público entre los pueblos de la zona es escaso y los miradores buenos están donde no llega ningún autobús.

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2. Bilbao y la costa vizcaína

Bilbao en otoño es Bilbao de verdad: llueve, sí, pero es una ciudad hecha para eso. Los museos, los bares del Casco Viejo y el paseo por la ría funcionan igual con paraguas, y en noviembre no hay colas en ningún sitio.

Lo que cambia respecto al verano es la costa: Gaztelugatxe sin gente, Mundaka con las olas que le han dado fama y Bermeo con el puerto trabajando. Se puede hacer en transporte público con paciencia, o en coche en media mañana.

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3. Los hayedos de Navarra y del Pirineo

La Selva de Irati es el segundo hayedo-abetal más grande de Europa y en la última semana de octubre se pone de un color que no parece real. El problema es que lo sabe mucha gente: los fines de semana de esas dos semanas hay que reservar aparcamiento en algunos accesos y conviene llegar temprano.

4. Sierra de Francia y la Alberca

Al sur de Salamanca, un puñado de pueblos de piedra y madera con castañares alrededor. En otoño se llenan de castañas y setas, y hay pueblos —La Alberca, Mogarraz, San Martín del Castañar— que se recorren enteros en una tarde.

Mogarraz tiene algo que no se ve en ningún otro sitio: cientos de retratos pintados colgados en las fachadas, uno por cada vecino que vivía allí a mediados del siglo pasado. Es de esas cosas que uno no espera y que justifican el desvío por sí solas.

Es un plan de coche y de carreteras estrechas: las distancias entre pueblos son de veinte minutos, pero de curvas. No es sitio para ir con prisa. Y si te sobra tiempo, la Peña de Francia tiene una carretera que sube hasta un santuario con vistas de media provincia.

5. Cádiz fuera de temporada

En octubre todavía se puede estar en la playa en Cádiz, y a partir de noviembre la ciudad se queda para sus vecinos, que es cuando mejor está. El casco antiguo, el mercado, los bares de la Viña: todo funciona sin la presión del verano y a precios que no tienen nada que ver.

Es además de los pocos destinos de esta lista donde no hace falta coche para nada: la ciudad vieja se recorre andando de punta a punta en media hora, y a los pueblos de alrededor —El Puerto, Sanlúcar, Jerez— se llega en tren o en el catamarán que cruza la bahía.

6. La Rioja, después de la uva

La vendimia riojana termina en octubre y deja los viñedos con ese color rojo y ocre que se ve desde la carretera. Es una zona donde las distancias son cortas y los pueblos están cerca unos de otros, así que da mucho de sí en dos días.

Aquí sí hay bodegas grandes preparadas para recibir visitas, con horarios fijos y varios pases al día, así que es más fácil de organizar que la Ribeira Sacra. Y los pueblos —Laguardia, Briones, San Vicente de la Sonsierra— tienen cascos históricos que merecen la parada aunque el vino te dé igual.

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7. Girona y los pueblos del Empordà

Girona ciudad se ve en un día largo, y alrededor hay pueblos medievales —Pals, Peratallada, Begur— que en verano están saturados y en otoño se pueden pasear. La Costa Brava en octubre sigue teniendo días de sol y calas donde no hay nadie.

Lo mejor de esta zona en otoño son los caminos de ronda: senderos que van pegados al acantilado uniendo calas, y que en verano son un desfile y ahora se hacen tranquilos. El de Calella de Palafrugell a Llafranc es corto y de los más bonitos de la costa.

8. Lisboa, si te apetece cruzar

No es España, pero está a un vuelo corto o a un día de coche desde media península, y en otoño tiene el mejor clima del año: veinte grados, sol y ni rastro del calor de agosto. Es de los pocos sitios donde noviembre sigue siendo cómodo para andar todo el día.

Y tiene una ventaja que no se suele mencionar: es de los destinos más baratos de esta lista para comer y dormir, aunque los vuelos suban en puente. Con dos días da para la ciudad; con tres, para escaparse a Sintra, que en otoño y entre semana se disfruta de otra manera.

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Cuánto cuesta un fin de semana de estos

Depende sobre todo de dos cosas: si necesitas coche y si duermes en el destino o en un pueblo de al lado. Como orientación, un fin de semana de dos noches para dos personas suele moverse entre 250 y 450 euros contando alojamiento, comidas y gasolina o transporte. Es un margen amplio a propósito: cambia mucho según la zona y según cuánto se reserve con antelación.

Para hacerte una idea de por dónde se va el dinero, un reparto habitual de esos 250-450 euros sería más o menos así: entre 100 y 200 en las dos noches de alojamiento, entre 80 y 140 en comer los dos días, y el resto en desplazarse. Las entradas y actividades suelen ser la partida más pequeña de todas, y es la única en la que se puede recortar sin que el viaje empeore.

Lo que más mueve la aguja no es elegir bien el destino, sino tres decisiones concretas: salir el viernes por la tarde en vez del sábado por la mañana (misma escapada, un día más de aprovechamiento), dormir en un pueblo a quince minutos en vez de en el centro del sitio famoso, y comer una vez al día bien y la otra de bocadillo. Con eso solo, la diferencia entre el extremo bajo y el alto de esa horquilla se explica casi entera.

Cómo elegir entre estos ocho

Si es tu primera escapada de otoño y no quieres complicarte, ve a una ciudad: Bilbao, Girona o Cádiz. Llegas en tren, no necesitas coche, y si el tiempo se estropea hay plan B bajo techo. Es la opción con menos cosas que puedan salir mal.

Si lo que buscas es el paisaje de otoño —el color, los bosques, las viñas—, entonces vas a necesitar coche y a madrugar: Ribeira Sacra, hayedos o Sierra de Francia. Es más trabajo de organización y más gasolina, pero es lo que de verdad no puedes ver en ninguna otra época del año.

Cuáles se pueden hacer sin coche

Es la pregunta que más condiciona el presupuesto, porque alquilar un coche un fin de semana puede ser la partida más grande después del alojamiento. De los ocho destinos, cuatro se hacen perfectamente en transporte público y cuatro no.

Una fórmula intermedia que funciona bien: ir en tren hasta la ciudad grande más cercana y alquilar allí solo el día que lo necesites. Sale más barato que alquilar el fin de semana entero y te ahorra el viaje largo conduciendo.

Las fechas que conviene evitar

El otoño español tiene dos puentes que lo cambian todo: el del Pilar (12 de octubre) y el de Todos los Santos (1 de noviembre). En esas fechas los precios suben, los alojamientos se llenan con meses de antelación y los sitios de moda se ponen imposibles.

Si puedes elegir, las mejores semanas son la segunda y la tercera de octubre, y la segunda de noviembre. Tienes el color del otoño, el clima todavía aguanta y no coincides con nadie. Y si tienes flexibilidad para irte entre semana, la diferencia de precio y de gente es la mayor de todas las decisiones que puedes tomar.

Tres cosas que hacen que salga bien

Después de organizar unos cuantos de estos, hay tres decisiones que se repiten y que marcan la diferencia entre un fin de semana redondo y uno que se queda a medias.

La primera es no meter demasiado. Dos días dan para un sitio y sus alrededores, no para tres provincias. El error más común es diseñar una ruta preciosa sobre el mapa y descubrir el sábado que te has pasado el día conduciendo.

La segunda es reservar el alojamiento antes que nada. En otoño hay disponibilidad, pero lo bueno y bien de precio vuela, sobre todo en zonas rurales con poca oferta. Todo lo demás —restaurantes, entradas, actividades— se puede decidir sobre la marcha.

Y la tercera es dejar un hueco sin plan. Siempre aparece algo: un pueblo que no estaba previsto, una comida que se alarga, un mirador que pide quedarse. Los fines de semana que se recuerdan tienen siempre una tarde que no estaba escrita.

Si prefieres no hacer estas cuentas a mano, para eso está Weekéalo: le dices cuánto tienes y cuántos días, y te dice a dónde puedes ir de verdad con ese dinero, con el itinerario y el presupuesto ya desglosados.
Las cuentas completas: cuánto cuesta una escapada de fin de semana en EspañaLeerlo →

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la mejor semana para ver el color del otoño?

En el norte peninsular, la última semana de octubre y la primera de noviembre suelen ser las mejores para hayedos y castañares. En el sur y en la costa mediterránea, el otoño llega más tarde y noviembre entero funciona.

¿Merece la pena alquilar coche o me apaño con tren y autobús?

Para ciudades —Bilbao, Girona, Cádiz, Lisboa— el tren o el autobús te sirven perfectamente. Para zonas rurales como la Ribeira Sacra, los hayedos o la Sierra de Francia, sin coche te vas a quedar sin ver la mitad de las cosas.

¿Hay que reservar con mucha antelación en otoño?

Menos que en verano, salvo dos excepciones: los puentes (el del Pilar y el de Todos los Santos) y las dos semanas punta del color en los hayedos. Fuera de esas fechas hay bastante margen.

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