Bilbao en un fin de semana de otoño
Por Weekéalo · · 6 min
Dos días en Bilbao cuando ya no hay colas: qué ver, cómo repartirlo y qué merece la pena de la costa que tiene al lado.
Bilbao tiene la ventaja de ser una ciudad que no depende del buen tiempo. Llueve, y eso forma parte de ella: los museos, los bares y los mercados funcionan igual, y a partir de octubre te la encuentras sin las colas del verano.
Día 1: la ciudad
La mañana da para el Guggenheim con calma. Aunque el edificio sea lo más famoso, conviene entrar: la colección permanente y las salas grandes justifican la visita por sí solas. Después, el paseo por la ría hasta el ayuntamiento es corto y es de las mejores maneras de entender cómo ha cambiado la ciudad.
Por la tarde, el Casco Viejo: las Siete Calles, el mercado de la Ribera y la catedral de Santiago. Y a partir de las siete, pinchos. En Bilbao se cena de pie y de barra en barra, y eso es parte del plan, no un sustituto de cenar.
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Dos consejos que cambian bastante la visita. El primero: rodea el edificio por fuera antes de entrar. Desde el puente de La Salve, desde el paseo de la ría y desde el otro lado del agua se ve completamente distinto, y esa es la mitad de la gracia. El segundo: entra a primera hora o a última. A media mañana es cuando llegan los grupos.
Dentro, no te saltes las salas grandes de la planta baja: las instalaciones de gran formato son lo que mejor funciona en ese edificio y lo que más se recuerda después. Y si vas con alguien a quien el arte contemporáneo le da pereza, plantéalo como una visita al edificio con obras dentro, que es literalmente lo que es.
Día 2: salir de la ciudad
La costa vizcaína está a menos de una hora y en otoño es cuando mejor está. San Juan de Gaztelugatxe con su escalera sobre el mar es lo más conocido —conviene mirar antes cómo está regulado el acceso, porque cambia según la época—, y alrededor están Bermeo, con el puerto trabajando, y Mundaka, con las olas que le han dado fama entre surfistas.
Se puede hacer en transporte público, pero con paciencia y perdiendo bastante tiempo en esperas. En coche, la misma ruta cabe en media jornada y da margen para parar donde apetezca.
Mira el alquiler en Bilbao para el día de costaDiscover Cars →La otra opción del segundo día: la ría hasta el mar
Si no te apetece coche, hay un plan que se hace entero en metro y que mucha gente se pierde: bajar la ría hasta su desembocadura. Getxo, con sus casas de indianos mirando al agua, y el Puente Colgante de Portugalete, que sigue funcionando desde el siglo XIX y se puede cruzar en su barquilla o por la pasarela de arriba.
Es un paseo de media jornada, con las playas de Ereaga y Arrigunaga al lado por si el día acompaña. En otoño están vacías y se camina por ellas perfectamente. Y de vuelta, el metro te deja en el centro en veinte minutos.
El Casco Viejo, con algo más de detalle
Las Siete Calles son el origen de la ciudad y hoy son la zona más animada. Merece la pena entrar en el Mercado de la Ribera aunque no vayas a comprar nada: es uno de los mercados cubiertos más grandes de Europa y el edificio, sobre la propia ría, tiene su gracia.
La catedral de Santiago está escondida entre calles estrechas y se pasa por delante sin verla si no la buscas. Y muy cerca está la basílica de Begoña, a la que se sube por un ascensor público desde el casco viejo — un detalle muy de Bilbao: la ciudad está llena de ascensores y funiculares públicos porque está construida entre montes.
Hablando de eso: el funicular de Artxanda cuesta poco, tarda tres minutos y te deja en el mirador desde el que se entiende la ciudad entera. Es de las cosas que más rinden por lo poco que piden.
Comer en Bilbao sin arruinarte
Bilbao tiene fama de caro y es una fama a medias. Los restaurantes de nombre lo son, pero la ciudad se come de pie: pinchos de barra, uno o dos por bar, y a moverse. Comiendo así se sale por mucho menos que sentándose, y además se prueban más cosas.
Las zonas son tres y funcionan a horas distintas. El Casco Viejo es lo más turístico y lo más animado a primera hora. La calle Ledesma y alrededores, en el Ensanche, es donde va la gente de la ciudad después del trabajo. Y el barrio de Indautxu es el más tranquilo de los tres si no te apetece agobio.
Un apunte que ahorra disgustos: en muchos bares de pinchos se pide en la barra y se paga al final, contando lo que has tomado. No es que se hayan olvidado de cobrarte.
Dónde dormir
El Casco Viejo es lo más céntrico y lo más ruidoso; Abando y el Ensanche están a diez minutos andando de todo y son bastante más tranquilos. Si vas en coche, mira que el alojamiento tenga aparcamiento o ten claro dónde vas a dejarlo: el centro de Bilbao es zona regulada casi entera y aparcar en la calle es una batalla.
Un par de cosas prácticas
- El metro de Bilbao es cómodo y llega a las playas cercanas (Plentzia, Getxo). Para moverte por la ciudad no necesitas nada más.
- En otoño lleva chubasquero, no paraguas: con viento de costa, el paraguas dura poco.
- Los lunes muchos museos cierran. Si tu fin de semana se alarga al lunes, planifícalo al revés.
- El aeropuerto está a 15 minutos del centro y hay autobús directo y frecuente. No hace falta taxi.
- Si vas a moverte por Bizkaia en transporte público, mira la tarjeta Barik: sale a cuenta desde el segundo o tercer viaje.
Qué hacer si llueve los dos días
Puede pasar, y no arruina el viaje si lo tienes previsto. Bilbao tiene suficiente bajo techo para llenar un fin de semana entero sin mojarse más que en los traslados.
- El Guggenheim da para tres horas largas si te tomas en serio la colección, no solo el edificio.
- El Museo de Bellas Artes es más tranquilo, más barato y tiene una colección de pintura vasca que sorprende a quien va sin esperar nada.
- El Mercado de la Ribera tiene planta de puestos de comida: se puede comer allí dentro y ver llover por los ventanales.
- El Athletic Club y su estadio tienen visita y museo, y funciona incluso si el fútbol te da igual: es historia de la ciudad.
- El metro de Norman Foster conecta casi todo, así que los traslados entre planes son cortos y bajo tierra.
Cómo llegar
Desde Madrid hay tren directo y autobuses frecuentes; el viaje ronda las cuatro o cinco horas según el servicio. Desde Barcelona sale más a cuenta el avión, y el aeropuerto está tan cerca del centro que el ahorro de tiempo es real. Desde el norte —Santander, Vitoria, San Sebastián— es una hora larga de coche y no compensa alquilar nada si no vas a salir de la ciudad.
Una advertencia sobre el coche: si tu plan es solo Bilbao ciudad, el coche es un estorbo. Aparcar es caro y el centro está regulado. Solo tiene sentido si vas a hacer el día de costa o a moverte por Bizkaia.
Si te sobra un día
Con un tercer día hay dos opciones claras. Una es San Sebastián, a una hora larga por autopista, que en otoño está igual de bien que Bilbao y con menos gente que en verano. La otra es Vitoria, mucho menos visitada de lo que merece, con un casco medieval en forma de almendra que se recorre entero en una mañana.
Y si lo que te apetece es naturaleza, el Urkiola o el Gorbea están a menos de una hora y en otoño tienen hayedos que no desmerecen a los de Navarra, con la ventaja de que casi nadie va a buscarlos allí.
Por qué llevar el itinerario hecho de casa (también con lluvia) se disfruta másLeerlo →Preguntas frecuentes
¿Llueve mucho en otoño?
Llueve, sí, pero casi siempre a ratos y no todo el día. Con chubasquero se hace vida normal, y la ciudad está preparada para ello.
¿Merece la pena el Guggenheim si no me va el arte moderno?
El edificio en sí y las instalaciones grandes suelen convencer incluso a quien va sin muchas ganas. Si aun así lo tienes claro, el Museo de Bellas Artes es una alternativa excelente y bastante más tranquila.
¿Se puede ir a Gaztelugatxe por libre?
Sí, pero el acceso ha estado regulado en distintos momentos y las condiciones cambian según la temporada. Compruébalo antes de ir para no llevarte una sorpresa.
¿Te lo montamos?
Dinos cuánto tienes y cuántos días. Te damos el destino, el itinerario y el presupuesto cuadrado.
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